Of cinema and other drugs…

Review: Harry Potter and the Deathly Hallows: Part I (2010)

4 out of 5

Summary: Con una cinematografía de aplaudirse, esta nostálgica primera parte del final logra cumplir expectativas (ni altas ni bajas) dando una oportunidad al trio de protagonistas de mostrar talento. Oportunidad bien aprovechada, nada menos.

Harry Potter, I have seen your film, and it is fine……..

NOTA: Esta es una reseña de LA PELÍCULA, y no de la transición libro-película. Libre de spoilers indeseados, por cierto.

Parece increíble que la saga más exitosa de la década esté llegando a su fin, pero es cierto. Hace diez años Harry Potter and the Sorcerer’s Stone se encontraba rodando cámaras, y aún todavía este año, muchos de los actores de aquélla seguían filmando bajo la piel de sus respectivos personajes.

En este ambiente de nostalgia nos llega Harry Potter and the Deathly Hallows: Part I que se transmite básicamente en una road movie del trío de protagonistas que ya conocemos muy bien, buscando encontrar los dichosos Horrocruxes y destruirlos con la finalidad de encabronar y debilitar a Aquél-Que-No-Posee–Cabello-Ni-Nariz que ya anda jalando los hilos aquí y allá.

La cinta comienza apresuradamente. Nos hacen saber el trágico y triste estado del mundo, nos sentamos a la mesa con Lord Voldemort y compañía, vemos por un segundo en pantalla a los Dursley, nos reintroducen a los miembros (que siguen con vida) de la Orden del Fénix y saltamos a la priemra escena de acción todo esto en los primeros 20 minutos fácil. Y también en sólo este tiempo el guionista Steve Kloves logra decepcionarnos ignorando por completo un punto emocional de gran poder dramático: la reconciliación entre Harry y su única familia de sangre: Petunia y Dudley. La verdad no sé por qué no lo aprovecharon, ni siquiera para darles un buen final a estos pequeños personajes. Pero luego pienso que a lo mejor y los despiden al final de la siguiente entrega, en el verdadero final. El caso es que pareció un desperdicio; si no pensaban darles ni UNA línea, mejor no los hubieran puesto y ya.

Desde un inicio, la primera parte de este súperfinal amenazó con ser muy lento, quizás tedioso, con poca acción y mucha exposición al centrarse principalmente en tres personajes, mientras que la segunda parte sigue amenazando con tener demasiada acción (y ese 3D postproducido). Y es cierto, esta vez Daniel, Rupert y Emma se encuentran prácticamente solos sin actores de personajes que les sirvan de soporte. De esta manera, estas tres jóvenes estrellas cargan con una cinta por primera vez y la sacan adelante mostrando una buena capacidad dramática por explotar. El resto del cast se reduce meramente a cameos: Ralph Fiennes, Alan Rickman, Helena Bonham Carter, Robbie Coltrane, Brendan Gleeson, Imelda Staunton, Jason Isaacs, todos ellos cameos de personajes que, en esta entrega, no tienen verdaderamente nada que aportar, pero están ahí, y eso ayuda a retener el olor a franquicia que este tipo de filmes deben llevar.

Hablando del cast me parece oportuno mencionar a un par de errores de casting. El primero es Bill Nighy, quien interpreta al nuevo Ministro de Magia, Rufus Scrimgeour, quien, por un lado tiene de plano un personaje flojo metido a la fuerza, y por otro parece no querer esforzarse mucho en él, lo que resulta en una colaboración vacía y completamente olvidable una vez que se llega a la mitad de la cinta. El otro inquilino es el señor Rhys Ifans que interpreta a un ‘supuestamente’ excéntrico Xenophilius Lovegood que resulta poco, si acaso, extravagante. Rhys simplemente parece no estar en control de su personaje que igualmente se siente metido a la fuerza.

Y bueno, ni hablar de John Hurt que es prácticamente insultado al aparecer, tal como los Dursley, por un escaso segundo, y me parece que sin diálogo.

Uno de los problemas con las cintas de Harry Potter es que por momentos pierden fluidez; el tono y ritmo, tan importantes para la edición y narrativa. Kloves, quien debería tener una visión mucho más concisa de lo que es este mundo, entrega un guión en general sólido, pero muy imperfecto, que resulta una mentada de madre para los no lectores de los libros (lo siento  mucho, pero es verdad), quienes se verán angustiados por no entender bien el concepto de un Horrocrux, o de dónde provienen personajes como Mundungus Fletcher y la reaparecida Fleur Delacour. Lo que hay que entender es que Kloves se enfoca, como su suplente le mostró en Harry Potter and the Order of the Phoenix, no en lo superficial, la búsqueda de los Horrocruxes per se, sino en la relación y el desarrollo de ésta entre los personajes principales, Harry, Ron, y Hermione, así como el aspecto de maduración por el que atraviesan, que es lo que al final definirá todo como quien dice. Es por esto que las tres mejores escenas del filme tienen que ver con ello. Iré de menor a mayor.

Primero, y esta es a su vez una decepción, aquella en que Harry visita la tumba de sus padres en Godric’s Hollow, una escena bien hecha, correctamente emotiva y satisfactoria hasta el momento en que me la cortan para pasar al preámbulo de la siguiente escena de acción. Así que se siente medio incompleta, pero por lo que es, está muy bien. La segunda sería el suceso que se toma aquí como clímax dramático (a falta de uno real), la muerte de un personaje que, a pesar de no tener tantas apariciones a lo largo de la saga fílmica, sí pega bastante durito. La tercera, y la mejor en mi opinón, la discusión acalorada entre Harry y Ron durante uno de sus tantos días acampando, la cual me pareció perfectamente lograda por ambos actores, así que, bravo.

Y no se dejen llevar por el choteadísimo ‘esta entrega es mucho más oscura que la anteior’, porque la cinta encuentra momentos para amainar y cortar ligeramente la deprimente tristeza del ambiente. Uno brillante es la infiltración al Ministerio en donde David O’Hara (como Albert Runcorn), y Steffan Rhodri (como Reg Cattermole) sí se roban el momento cómicamente. Una escena digna de tenerse.

Ahora bien, David Yates, el director de quien ya estamos acostumbrados nos da indudablemente SU mejor entrega de la saga hasta el momento, aunque difícilmente LA mejor (esa sigue siendo Harry Potter and the Goblet of Fire, naysayers). Aunque puede agobiarnos de vez en cuando ese sentimiento de ‘oscuridad’ mantiene siempre como prioridad el ofrecer una cinta bonita por dentro y hermosa for fuera con seguridad y certeza también de entrar en nuevos terrenos con temas más maduros.

Y con hermosa por fuera me refiero a la preciosa cinematografía de Eduardo Serra, que merece reconocimiento. Se agradece una vez más que Cuarón le haya dado a la saga el giro artístico sobre el cual a veces se apoya cuando no puede ofrecer más (Harry Potter and the Order of the Phoenix). Estamos entonces ante la mejor película del mago-en-proceso-de-maduración visualmente hablando; los efectos -no puede negarse- son más avanzados a cualquiera de los anteriores, obviamente por el avance del tiempo también. Se agradece igualmente que Warner Bros. haya decidido retractarse del estreno en 3D de esta parte que seguramente hubiera echado a perder la cinematografía. (y la cinta en general).

La banda sonora es otro trabajo de calidad al que ya estamos acostumbrados a esperar de esta franquicia. A pesar de la decepción que resultó la noticia de que el legendario John Williams no podría regresar a terminar lo que ayudó a poner en marcha, no es nada malo ver que otro talento -Alexandre Desplat- haya aceptado entrar en su lugar con un resultado sumamente agradable.

Agradable…. Se me pasó hablar de una cosita por cierto. Nada más una mención honorífica a aquellos que tuvieron -y ejecutaron- la gran idea de utilizar una animación estilizada, pero sutil para la lectura del Cuento de los Tres Hermanos un enorme plus. Muy innovador e imaginativo.

La constancia (en el nivel de calidad) de las películas de Harry Potter es de admirarse. Con tanto cambio de director, y con ello de visión, y con ese riesgo de desarrollar cintas antes de que la saga escrita estuviera terminada, es sorprendente cómo es que Warner haya cuidado tan bien esta millionaria propiedad. Harry Potter and the Deathly Hallows: Part I si bien se siente carente de conclusión nos deja con esa seguridad de que, llegando julio 15, correremos al cine para ver el resto y, por un lado, poder juzgar de manera más amplia esta cinta de dos partes; y por otro, dar finalmente lo que tenía que llegar tarde o temprano: el adiós a Harry Potter y a ese sentimiento de que ‘ya viene la siguiente’.

Buenas.

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