Of cinema and other drugs…

Review: Prince of Persia: The Sands of Time (2010)

2 out of 5

Summary: Poco divertida, pero con decente acción y buen nivel de producción, Prince of Persia es otro vehículo de entretenimiento muy ligero y vacío que debería proporcionar algo más que un guión soso y blando, y un resultado más satisfactorio.

Iron Knight reviews Jerry Bruckheimer’s latest crap

NOTA: Nunca he jugado ninguno de los videojuegos, ni conozco el storyline que siguen. Por si empiezan a decir.

Jerry Bruckheimer es uno de los miembros de ese pequeñísimo grupo en Hollywood que puede basarse en un perro orinando para hacer un blockbuster y nadie le dice nada. El hombre tiene talento -no hay que negarlo- para hacer una cinta de acción mezclada con humor que atraiga al público, pero sus resultados son siempre parecidos y formulaicos, con excepciones de vez en cuando. Y estas producciones le han generado miles de millones de dólares en taquilla, lo que le permite financiar más, y más, y más. Como bien dicen, si no está roto, ¿por qué arreglarlo? Y es bajo ésa regla que Jerry sigue produciendo reciclando porquería tras porquería.

Prince of Persia: The Sands of Time es la más recientes de ellas, basada en la exitosa franquicia de videojuegos, y una vez más presenta un guión familiar y ya explotado antes. Con sus filmes, Jerry presenta a un héroe que, en esencia, no cambia durante la historia, y aquí no es diferencia. Dastan, nuestro protagonista, al inicio siente: “Soy bien chingón”. Luego, mediante alguna peripecia o infortunia, viene a pensar: “Ok, a lo mejor no soy tan chingón”. Por supuesto, hacia el final de la cinta se da cuenta: “No, en verdad soy bien chingón”. De esta forma, nuestro héroe tiene una “emocionante” introducción, después se topa con un problema que lo hace dudar de sus capacidades, para luego embarcarse en una aventura que reafirma lo grandioso que es. Esta es un fórmula ya vieja y convencional que, sin embargo, con la cantidad correcta de humor, emoción e inteligencia, puede derivar en algo más que un refrito. Bueno pues Prince of Persia no tiene ninguno de ello. No sé quién aseguró que esta sería una “nueva” Pirates of the Caribbean, pero definitivamente se equivocó. Vamos, ni siquiera me parece mucho mejor que At World’s End (2007), y eso que aquélla fue una basura.

No voy a dedicar mucho tiempo a discutir la trama, porque no ofrece nada nuevo y carece de sentido. El guión es vital para una película, y por desgracia casi siempre es lo que falla. Si el guión apesta, de segurito la cinta apesta. Dastan es un guerrero persa que de niño fue recogido y acogido por el rey después de ganarse la vida en la calle y en pobreza. Así pues, se une a la familia real y obtiene una vida mejor en el palacio, más tarde combatiendo junto a sus “hermanos” en batallas haciendo uso de sus dotes spidermanescos. Dastan no tiene sangre real, y es por eso que sus hermanos a veces le hacen el fuchi, sin embargo, lo vitorean después de ayudar a entrar y asaltar la ciudad sagrada de Alamut en donde la princesa Tamina gobierna. Pero todo sale mal, y Dastan se ve inculpado en un homicidio que él no cometió y, por ende, se ve también obligado a huir antes de morir en el intento, llevándose a Tamina con él.  Y así empieza una larga y aburrida aventura desértica de este forajido príncipe, que descubre el poder antiguo de una daga y devela el misterio del repentino ataque a Alamut puesto que todo indica que no se hacía ningún tráfico de armas ahí como se tenía pensado. Así parece tener sentido, pero una vez en pantalla, la historia se torna un desorden embarrado de efectos especiales.

Para acabarla de amolar, contamos con un protagonista aburrido: Jake Gyllenhaal. No lo tomen a mal, Jake me cae bien, pero nunca, desde el inicio de preproducción, nunca me tragué a Jake como el príncipe Persa, y hasta el momento sigo sin tragármelo. Sí, sí, se ganó bastantes músculos, habrá hecho algunos stunts, pero simplemente no se puede deshacer de un aspecto demasiado americano, ni de unos ojos demasiado blandos para el tipo de papel que personifica. Dastan termina siendo un héroe sin atractivo (no hablo del físico), y por lo tanto, aburrido. Jake no se puede decidir entre su acento americano y su pésimo acento inglés (ni se agradece el intento). No se si los realizadores estudiaron o no geografía, pero Persia no es Inglaterra. En serio, parece que se equivocaron y quisieron hacer un Prince of England, porque todos usan acentos ingleses, pero es Hollywood entonces what the hell. El caso es que me disgustó mucho el trabajo de Jake. Se me hacía casi imposible verlo. Sus bromas y líneas sarcásticas no encajaban y su look te impedía verlo como el protagonisa. Algo parecido con Gemma Arterton. Es muy posible que físicamente se haya adueñado del papel, pero la princesa Tamina es muy molesta. Aquí no es culpa de la actriz, sino del asqueroso guión que la volvió insoportable, además del hecho de que, prácticamente, Gemma está volviendo a interpretar el mismo rol de Clash of the Titans, vista hace poco, sólo que menos burdo y un poco más trabajado. Tamina es además la guardiana de la Daga del Tiempo, la cual tiene que rescatar de manos enemigas y llevarla a un templo por ahí, y sin embargo, la Daga todo el tiempo estaba en la ciudad, guardada, lo cual es una de las tantísimas cosas que no tienen sentido en la cinta.

Detrás de todo esto, está Nizam claro, el “tío” de Dastan, quien, cual Skar en The Lion King (1994), ansía quitarle el trono a su hermano haciendo uso del poder de la Daga, para lo cual planea el ataque a Alamut. Durante la mitad del filme más o menos, nos hacen creer que uno de los príncipes de sangre es quien ha planeado todo, pero es muy obvio que Nizam es el verdadero antagonista, aunque un antagonista con poco antagónico, antagónicamente hablando. Ok, ni yo me entendí. Este hombre es bien personificado por el fantástico Sir Ben Kingsley, a quien le queda excelentemente el papel. Lo malo, es que no le dan mucho material para trabajar, y Nizam pasa a ser literalmente un villano cualquiera, sin una ambición clara y bien representada, y sin poseer ningún tipo de amenaza. No existe amenaza real para nuestros personajes (Tamina y Dastan), porque sabemos exactamente en dónde terminarán. Redondeando el cast principal, se encuentra Alfred Molina como un jeque amante de las carreras de avestruces y quien no sirve para ningún propósito más que para añadir un par de risas.

Dado que Dastan tiene en su poder la daga casi todo el tiempo, es muy poco el sentimiento de búsqueda en Prince of Persia como normalmente hay en la típica aventura épica situada en una exótica locación. El trayecto que Dastan y Tamina recorren básicamente se limita a dar círculos alrededor de los mismos lugares, recogiendo amigos mientras vemos cómo surge entre ellos una chispita de amor.  Su misión es llevar de vuela la daga a una roca mágica escondida bajo los suelos de la ciudad de la cual se acaba de escapar. ¿Dónde está lo divertido en eso? 

En el camino, a Dastan le da tiempo para mostrarnos un sinfin de saltos y brincos los cuales el director Mike Newell adora resaltar empleando sobreempleando movimientos de cámara y cortes  lentos y rápidos disminuyendo el ritmo de la acción y no dejando ver bien qué sucede. Me hubiera bastado con tan siquiera UNA escena que realmente nos permitiera visualizar bien los movimientos acrobáticos de Dastan. Y luego están los hassansins, contratados por Nizam para proporcionar a Dastan de enemigos con quiénes luchar apropiadamente, los cuales parecen tener una cantdad infinita de cuchillas que lanzar, espadas que blandear, y otros artefactos. Que personajes tan risibles, la verdad.

Al final de todo, Dastan confronta a Nizam en los subsuelos de Alamut en una escena que fácil consume la mitad del CGI empleado en la cinta, y que además tampoco tiene sentido. <<SPOILER ALERT!!! (resalta el texto para leer) Dastan logra usar para su ventaja las Arenas del Tiempo y regresa al inicio del filme, exactamente cuando sostiene por primera vez la daga con sus manos. SPOILER ALERT!!!>> Y ahí tienen su final feliz, con los dos héroes juntos, no importa que Tamina no recuerde el pasado, que ahora es el futuro. El futuro alterno, porque eso ya no sucederá.

No hay mucho perdonable ni redimible en Prince of Persia. Es una película visualmente muy bonita con una buena cinematografía que, sin embargo, se siente totalmente artificial (cough… green screen… cough). Los valores y el diseño de producción son destacables, pero nada impresionantes o que no hayas visto antes. Pero de más importancia es que no es una cinta memorable ni mucho menos encantadora. No hay una historia que te envuelva. Mike Newell es un buen director, pero esta vez se equivocó a pesar de haber manejado otro enorme blockbuster hace unos años con Harry Potter and the Goblet of Fire (2005), posiblemente la mejor de la saga. Prince of Persia: The Sands of Time no hace diferencia en cuanto a adaptaciones de videojuegos, pero no es un desastre. No va tan lejos. Habrá a quienes les guste, habrá quien la vaya a ver por Gemma Arterton (ojalá no tuviera tantas líneas), y habrá a quien le valga y le venga. No cuenta con buenos momentos, aunque, como un todo, puede ser un poco disfrutable. Una secuela no es 100% asegurada (ni deseada) dado que no le ha ido tan bien como se esperaba en taquilla (parece que apenas y llegará a los $400 millones de dólares mundiales), pero si a Bruckheimer se le antoja entonces si la hay. No que me importe, vaya. Ojalá los realizadores hubieran tenido una Daga del Tiempo para regresar y corregir tanto error.

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